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La ordenación del territorio tiene como objetivo conocer las características del medio, hacer una valoración de los recursos naturales y ordenar los posibles usos.

Se apoya en dos conceptos clave:

• La aptitud del territorio: valoración de la capacidad de acogida que posee el territorio para las diversas actividades a que puede ser destinado. Para ello se elabora una matriz de acogida, donde se contrastan los elementos del territorio con sus posibles actividades.

• La evaluación del impacto ambiental (EIA): estudios que permiten estimar qué efectos provoca sobre el medioambiente la ejecución de un determinado proyecto.

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El proceso de ordenación territorial se puede dividir en cuatro fases:

1. Definición de objetivos según las necesidades de la población, de la aptitud del terreno y sus recursos.

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2. Inventario de los elementos del territorio relacionados con sus objetivos.

  3. Valoración de los elementos del territorio por medio de programas de sistemas de información geográfica (SIG) que permiten superponer mapas temáticos, facilitando el uso de la información gráfica.

4. Determinación del futuro uso del suelo. Los usos que comporten aptitudes altas e impactos bajos serán los que se apliquen preferentemente.

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